El vínculo entre Art Rooney y Charles Bidwill y el caso de los Steelers emigrados a Cardinals (1a parte)

Por Juan Manuel Arróniz

No es ésta una historia de amor, pero sí una de mutuo aprecio entre dos franquicias dispares. El deporte – como la vida – se presta para los odios, sin embargo, Steelers y Cardinals demuestran que hay otra vía. Ambos equipos simpatizan desde hace décadas, incluso jugaron una temporada juntos durante la Segunda Guerra Mundial.

Para entender por qué una franquicia basada en Pittsburgh y otra en Arizona llevan tan buena relación debemos remontarnos a los años 30. Entonces como ahora los Cardenales sufrían con pobres resultados en el emparrillado – con Chicago como su sede – y la cartera de su dueño, David Jones, lo evidenciaba. Era tal el descontento del señor Jones que decidió venderle la franquicia a Charles Bidwill durante una cena en el yate de este último, el Ren-Mar, en 1932. El traspaso se oficializó hasta 1933.

Charles Bidwill

Por aquellos años, un asiduo y exitoso apostador en los hipódromos, Art Rooney, fundó a los Pittsburgh Steelers. El equipo nació bajo el mote de Pirates y jugó sus primeros partidos profesionales los miércoles, esto debido a las leyes azules que aun regían en ciertas ciudades. Tardaría casi 40 años en verlos ganar un juego de postemporada.

Bidwill, en cambio, corrió peor suerte. Murió de neumonía el 19 de abril de 1947 a los 51 años de edad. El 28 de diciembre del mismo año sus amados Cardenales consiguieron el último título de la franquicia al derrotar a Filadelfia en un abarrotado Comiskey Park. Curiosamente, las Águilas habían vencido a los Acereros una semana antes; la primera vez que Pittsburgh jugó una postemporada.

Art Rooney Sr

Tres años antes los Steelers se unieron a los Cardinals para formar un solo equipo; nacieron los Card – Pitts en los años decisivos de la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio surgió a petición del entonces comisionado Elmer Layden, la idea era reducir el número de participantes a 10 en lugar de 11 y simplificar la planificación del calendario.

El matrimonio forzado terminó como casi todos los matrimonios – forzados o no -, mal. El equipo acabó la campaña con un mediocre 0-10 (única vez que dos conjuntos se fueron sin victoria en un mismo año, los Brooklyn Tigers siendo el otro) y perdiendo todos sus juegos por casi tres touchdowns. Los recuentos indican que la relación entre los jugadores era complicada, por decir lo menos. Les costó compartir el vestidor con sus antiguos rivales. El exliniero Chet Bulger lo escribió como “un año raro”.

Sin embargo, no todo fue malo, al final de cuentas Bidwill y Rooney tenían más de una pasión en común. Ambos amaban las carreras de caballos, incluso se acusó al dueño de los Cardenales de estar más interesado en eso que en su equipo. Los dos estaban ligados al boxeo, Rooney como estrella dentro del ring y Bidwill como promotor. Y, por supuesto, posteriormente eran propietarios de franquicias acostumbradas a vivir en las sombras.

A pesar de ser los preferidos de Al Capone, los Cardenales siempre fueron los segundones en Chicago. George Halas y sus Bears jugaban al norte de la ciudad; la zona rica. Mientras, los Cardenales tenían su casa al sur de la Avenida Madison, mayormente ocupada por el proletariado. Por si fuera poco, en 1932, cuando Bidwill apenas se había hecho con el equipo, los Bears se coronaron campeones para darle la bienvenida, repitiendo en 1933.

El descontento era tal que Halas y Jones, entonces dueño de los Cardenales, firmaron un acuerdo estableciendo la demarcación del terreno: los Osos jugarían en el norte y los Cardenales en el sur. No contento con esto, Halas también evitó el traslado de la franquicia rival del Comiskey Park al Dyche Stadium, de la Universidad de Northwestern, en 1958.

Mientras esto sucedía en Chicago, los Acereros luchaban contra la mediocridad anualmente en Pittsburgh. Los entrenadores duraban una temporada al mando, a veces menos, y el equipo sumaba tres o cuatro victorias. Las tribunas del Forbes Field lucían vacías en cada partido de local.

La indiferencia era tal que Art llevó al equipo a ciudades como Johnstown, Nueva Orleans y Louisville durante los años 30s para evitar competir con el béisbol y el americano colegial, dos deportes que en esas épocas eran mucho más populares que la NFL. Poco importó haber contratado a Byron “Whizzer” White por 15,800 dólares en 1938, pasarían cuatro años antes del primer récord ganador en la historia de la franquicia.

Byron “Whizzer” White

Cuando los dos equipos se unieron en 1944, lo hicieron sin saber que la relación continuaría por años, incluso después de los fallecimientos de Art Rooney y Charles Bidwill. Sin imaginarse la cantidad de jugadores y entrenadores que pasarían por ambas franquicias. Jamás hubieran pensado en la posibilidad de enfrentarse por el Lombardi en el Super Bowl XLIII.

2 replies »

  1. Me gusto mucho la publicación… Felicidades… Espero la continuación a este pasaje histórico tan relevante en la historia de los Steelers… Saludos… Éxito 😊👍🏻🍀

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  2. Me gusto mucho, la historia es formidable, supongo que hablaras como nacen los colores amarillo y negro y como lleva un solo logotipo en el casco.

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