Opinión: Inmortal Bill

-Por Carlos Ortega

Amigos de Steelers 360 pocas cosas dan más satisfacción que ver cómo uno de los nuestros asciende al Valhalla de la NFL por sus logros personales en beneficio de nuestros Steelers.

El sábado por la tarde le anunciaron al aire y en directo al Coach Bill Cowher que había sido elegido para ingresar al recinto de los inmortales. Para quienes pudimos ver la transmisión en directo fue un momento realmente emocionante, de esos que se quedan en la memoria

Y es que Coach Cowher es un hombre respetado y sobretodo querido en el mundo de la NFL y especialmente por los aficionados de los Steelers, en Pittsburgh y en cualquier parte del globo terráqueo donde se agite una Terrible Towel. Tanto que hoy muchos aficionados siguen pidiendo su regreso.

Y su camino rumbo al Valhalla (los guerreros terminan en Valhalla, los delicaditos en el Olimpo) no fue nada fácil desde un inicio.

LA HISTORIA DE UN GUERRERO

Tuvo la misión de sustituir a Chuck Noll, el HC más venerado por cualquier aficionado de los Steelers. Algo así como nuestro Maestro Yoda. Y tuvo la encomienda de preservar y extender la cultura ganadora que heredó. Repito, tarea nada sencilla pues recibió al equipo en un momento oscuro pues Noll jamás pudo reconstruir la Cortina de Acero.

Al principio fue cuestionado por muchos pues consideraban que era muy joven (34 años) y carecía de experiencia. Además provenía de un odiado rival de división como los Browns (los originales, no la caricatura de hoy día). Y para rematar muchos periodistas en la ciudad de Pittsburgh tenían proyectado que el heredero de las glorias de Noll debía ser Mean Joe Greene, piedra angular de la Cortina, piedra filosofal de los tetracampeones y alumno de Noll. ¿Quién dijo que El Camino del Guerrero era sobre caballo de hacienda?

Sus mejores armas fueron su inteligencia, su carisma, su intensidad, su actitud, su cultura del trabajo y su arraigo en la ciudad de los Tres Ríos pues nació en Crafton, PA y pasó su infancia muy cerca de donde se encontraba Three Rivers Stadium y hoy Heinz Field. Y con esas armas emprendió el viaje de su vida, con la difícil misión de convertirse en profeta en su propia tierra.

En poco tiempo construyó un equipo digno de llegar al Súper Bowl. Cimentado, al igual que lo hizo su predecesor en una defensiva brutal. Esta no fue conocida como una continuación de la Cortina, fue llamada simplemente Blitzburgh por su agresividad para atacar y maltratar a los QBs rivales. Nombres como Greg Lloyd, Kevin Greene, Chad Brown, Levon Kirkland, Rod Woodson, Carnell Lake, Willie Williams, Darren Perry, Brenston Buckner, Ray Seals y Joel Steed y Myron Bell eran sus hombres, aquellos que formaban Blitzburgh. A la ofensiva también tuvo grandes hombres como Byron “Bam” Morris, Yancey Thighpen, Dermontti Dawson, Ernie Mills, André Hastings, John L. Williams o Eric Peegram. Con estos hombres (agregando a Barry Foster) debió llegar al SB XXIX pero el brazo de un jugador de los Chargers lo impidió y Coach Cowher se quedó cerca de regresar a los Steelers al juego grande. Un año después lo logró de manera brillante pero desgraciadamente no pudo traer el Trofeo Lombardi de regreso a casa. Los guerreros también caen.

Después de reconstruir una vez más su equipo aquellos hombres que tenía ya no estaban más. Reinventó Blitzburgh de la mano de nombres como Joey Porter, Jason Gildon, Clark Haggans, Aaron Smith, Casey Hampton, James Farrior, Larry Foote, Chris Hope, Deshea Townsend, Dwayne Washington. Y por la parte ofensiva llegaron hombres como Jerome Bettis, Hines Ward, Alan Faneca, Plaxico Burress, Marvel Smith. Pero aún faltaban por llegar 2 piezas importantes para que este equipo aspirara a lo máximo: Troy Polamalu (el engrane perfecto del Zone Blitz de LeBeau) y Ben Roethlisberger (el salto de calidad de la ofensiva). Finalmente llegó Heath Miller y así Cowher nuevamente alcanzó el Super Bowl junto a sus hombres (excepto Burress). Y esta vez no hubo derrota, esta vez no hubo decepción. Esta vez todo fue fiesta y gozo y sobretodo gloria.

Y así, lleno de gloria Bill decidió que era suficiente, que era tiempo de irse a descansar y cuidar de su familia, no sin antes heredarle a su sucesor a sus mejores hombres con la misma tarea: preservar el legado.

El camino nunca fue fácil, pero el guerrero lo recorrió. Emergió, cayó, se reinventó y se llenó de gloria cumpliendo con la misión y encomienda que pusieron en sus hombros. Y hoy como digno heredero de una cultura de trabajo y triunfo le es concedido el gran honor de entrar por la puerta grande al Valhalla de la NFL, el Salón de la Fama del Football Profesional para convertirse en el Inmortal Bill.

Cómo lo escribió el gran Jerome Bettis:

“Mi Coach en Pittsburgh y ahora mi Coach para siempre en Canton”

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