Un domingo cualquiera.

Me gusta mucho disfrutar del cine y de las buenas películas. Y en esta ocasión, creo no podía haber un título mejor para escribir, que el de aquella gran película dirigida por Oliver Stone y protagonizada por un monstruo llamado Al Pacino y los no menos relevantes Cameron Diaz, Dennis Quaid, James Woods, Jamie Foxx, quienes estuvieron acompañados de leyendas del football como Jim Brown o Lawrence Taylor.

Seis días han pasado desde la penosa derrota que nuestro equipo, los Steelers, recibieron cortesía de los Jacksonville Jaguars. Más que la derrota en sí, lo doloroso para quien escribe fue la forma (o bueno, las muchas formas) en que el equipo se cayó en ese juego, individual y colectivamente.

En estos días creo tener ya la suficiente dosis de cordura para escribir sin que la molestia por esa derrota genere exabruptos y críticas dadas al calor de un natural y comprensible estado de ánimo.

Antes de entrar de lleno, quisiera acotar que no citaré estadísticas, dado que esos datos ya fueron abordados de extraordinaria forma por mis compañeros de blog en sus respectivas aportaciones, las cuales recomiendo mucho leer y releer. Tampoco enterraré la cabeza en el suelo para obviar las fallas que desde mi particular trinchera existieron en este juego, pero mucho menos haré una consulta popular para pedir cabezas y renuncias a diestra y siniestra. Es simplemente la opinión particular de uno de miles de seguidores del mejor equipo de la NFL. La opinión particular de alguien que cree fervientemente que la de Steelers es la mejor afición en la Liga y que en este texto pretende comportarse como tal, escribiendo sin que el hígado trastoque erróneamente el amor a los colores negro y oro.

Así que, aquí vamos.

En principio, muchos sabíamos que Jacksonville en modo alguno sería un flan o una tarde de paseo para el equipo. Pero también sabíamos que había el talento y calidad para salir con la victoria y afianzar el liderato de la División Norte de la AFC. Lamentablemente, no ocurrió así.

El partido comenzó como muchos gustamos de ver: una defensa que contuvo a un ataque terrestre de respeto y evitaba que la primer serie ofensiva del rival generara puntos. Llegó la serie ofensiva de los aurinegros y bueno, un jugadón de Antonio Brown a pase de Ben Roethlisberger, para una jugada de largo yardaje. Todo marchaba como guión de película. Pero como todo guión, llevaba también su dosis de suspenso y drama. Y en ese juego, comenzó con la primera de muchas fallas para nuestro equipo: la inoperancia y falta de imaginación en zona roja, consiguiendo sólo tres puntos a manos de Chris Boswell. Bueno, puntos son los que definen un juego, así que tuve cierto aire de resignación.

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Lamentablemente, lo que se vino después, fue una auténtica encrucijada. Una provocada por errores propios (de mentalidad, de ejecución y de coacheo), de los cuales no supimos salir. Y estos yerros, a mi parecer, traen consigo muchas, muchas variables que deben ajustarse de inmediato para que, como alguna vez escribí, Pittsburgh deje de ser un aspirante más y se convierta en lo que en el papel, la historia y sobre todo, el talento en sus líneas, sería lo lógico: un contendiente al título.

Los yerros de ese juego, ya sobra referir cuales fueron. Lo que es importante, en mi percepción, es ajustar de inmediato para que esos yerros sean un punto de inflexión en pos del séptimo campeonato. Aquí mis particulares comentarios:

Si algo tengo que decir del señor de apellido Roethlisberger, es que ha sido un ícono y el motor de mis Steelers desde aquella su grandiosa campaña debut en 2004. Y sin duda, personalmente, el mejor quarterback que ha tenido el equipo. Sí, por encima de Terry Bradshaw (sé que muchos levantarán la ceja sorprendidos de esta afirmación, pero así lo siento). Uno que, pese a que los medios especializados no lo enlistan comúnmente dentro de los quarterback´s de élite en la Liga, calladamente tiene tres viajes al Super Bowl, saliendo airoso en dos de ellos. Ciertamente, no es (y no creo que sea) el quarterback de los grandes números, al estilo de Peyton Manning, Tom Brady, Drew Brees, Kurt Warner, por citar a los más relevantes en las últimas dos décadas, pero sí creo es el idóneo para el equipo. Ya sé, quizás parece que estoy tratando de defender algo indefendible, pero, ¿son más los errores recientes del líder del equipo ante las alegrías que en otras tantas ocasiones nos ha regalado? Personalmente, siento que no. De verdad, sentar a Ben para que Landry Jones o Joshua Dobbs asuman el control de la ofensiva aurinegra ¿es una alternativa seria? Otra que leí y me causó mucha gracia ¿Colin Kaepernick? Respeto toda clase de opiniones, pero hay algunas que sinceramente les busco algo de lógica (alejada de cualquier arrebato de molestia tras el juego ante Jacksonville) y no la encuentro. Ojalá todo fuera tan sencillo como en los videojuegos o ejercicios virtuales como las famosas ligas de fantasía, pero lamentablemente no es así. ¿Qué Ben ha sido factor en este traspié del equipo? Por supuesto, pero pienso que debemos construir sobre terreno plano y no sobre los escombros de las emociones. ¿Qué Ben está ya en el ocaso de su carrera? También es cierto, y para allá deben tomarse las decisiones de la directiva y los entrenadores.

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¿A qué voy con esto?

En ocasiones anteriores he citado que me gustaría ver en mis Steelers y Roethlisberger la repetición de lo que ocurrió hace poco más de 20 años con los Denver Broncos y John Elway: aquél jugadorazo, también de jersey 7, sin dejar de ser el líder, cedió su lugar como la principal arma ofensiva del equipo de Colorado, dando paso a un tipo llamado Terrell Davis, recientemente ingresado al Salón de la Fama. El resultado es de todos conocido, Elway terminó los últimos años de su carrera con dos anillos de Super Bowl, siendo el jugador más valioso en la edición XXXIII. Se fue por la puerta grande. Como tantos otros lo han hecho. Y es eso lo que quisiera ver con mi equipo. Y es donde Ben debe trabajar y concentrarse.

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Elway no dejaba de tener un brazo potente, pero el paso de los años ya se notaba. Y aún así, elevó a grado de Pro Bowl y All Pro a sus receptores de entonces, Ed McCaffrey y Rod Smith, dos jugadores que sin restarle méritos a sus capacidades (que por supuesto las tenían), creo que no se comparan en absoluto a lo que hacen y pueden hacer los señores Antonio Brown y Martavis Bryant.

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Para ello, obviamente, la línea ofensiva de aquellos Broncos, sin ser la más pesada, era una de gran nivel técnico, como también lo tienen Maurkice Pouncey, Ramon Foster (creo el más subestimado de la línea ofensiva aurinegra), Marcus Gilbert, Alejandro Villanueva y David DeCastro. Y si a eso le sumamos la calidad y el nivel (que ya podemos decir óptimo) de Le´Veon Bell, ese epílogo que comentaba en la carrera de Elway bien puede repetirse ahora en la figura de Roethlisberger.

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A mi parecer, Ben ha sido terco en querer mantenerse como aquel quarterback que tuvo dos juegos consecutivos con seis pases de touchdown hace un par de años, o como aquel que tenía en el contacto físico y extender la jugada hasta el último segundo posible su mayor cualidad. Y esa terquedad, le ha empañado el rumbo primordial del barco que dirige: otro trofeo Lamar Hunt y claro, un Lombardi más a las vitrinas de acero. Ya el tiempo comienza a cobrar la factura de tantos golpes de antaño. Y Ben debe sacudirse eso. Debe ser el líder que se necesita, no el que piensa que debe ser. Uno como aquel Jerome Bettis que en su última campaña con el equipo, no era el líder corredor, es más, ni siquiera en el Super Bowl XL lució de manera importante, pero que asumió su rol y valía dejando que los reflectores fueran hacia otros, con él guiando el ataque. Y estoy seguro que Ben es capaz de eso. Ahí es el punto importante que debe trabajar.

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Esto, evidentemente debe ir concatenado con otros factores. Mike Tomlin y su staff de entrenadores, principalmente Todd Haley, deben concentrarse en elaborar con mayor ingenio las jugadas que mandan desde la banda. Y deben recordar que el arsenal que se tiene, es altísimo, sobre todo en lo que hace a los running backs, en donde parece que James Conner y Terrell Watson han sido desaprovechados groseramente. Entiendo que Bell es el titular. Entiendo que estaban buscando que tomara ritmo (ritmo que por cierto, es responsabilidad directa del propio Bell que no tuviera los tres primeros juegos), pero las variables en el ataque, también cuentan. Y tampoco se trata de desprestigiar a Le´Veon, pero mucha de esta inoperancia ofensiva ha partido de que nuestro número 26 se enfocó en su novela contractual, en tomar la bandera de defensor de los corredores de la Liga y boicotearse. Sí, boicotearse, porque su argumento (y el de todos aquellos que defendieron su actitud) de que no tomaría los entrenamientos de pretemporada con el equipo pero que no había problema porque entrenaría por su cuenta, se cayó con esa falta de ritmo. Pero tampoco quiero linchar mediáticamente a nuestro corredor. Al margen de esa actitud en pretemporada, reconozco que es un jugador único, y del cual espero grandes actuaciones en esta campaña y que ayude al equipo. Ya después, si decide o no seguir, es otra cuestión. Por ello, mejor enfocarnos en el presente.

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Respecto a la defensa, poco puedo decir, salvo que han ido subiendo el nivel luego de un arranque, digamos, discreto, en las primeras jornadas, y sobre todo en la semana 3 ante los Chicago Bears. Leí por ahí que la defensa da pena y que es una vergüenza. ¿En serio? Salvo lo de Chicago, las actuaciones de la unidad defensiva han sido las que han sostenido el ritmo del equipo para lograr las victorias que se tienen. Si no, volteen a ver lo hecho ante Baltimore. O incluso la demostración ante Jacksonville. La unidad defensiva mantuvo en la pelea a Pittsburgh durante tres cuartos y un poco del último, pese a las entregas de balón de Ben y a la falta de puntos de la ofensiva de acero por la vía del touchdown. Ante eso, sumado al evidente cansancio que implica estar la mayor parte del juego en el campo, fue una hazaña que el marcador no hubiera sido de mayor escándalo. Pero lamentablemente, la crítica ha sido injusta, creo, para con esta unidad, la que considero la mejor del equipo en estos momentos. Y que estoy seguro seguirá mejorando ese nivel, incluso para darnos más allá de las cuatro decenas de derribos de quarterback, sello único del equipo y común denominador en cada uno de los seis Super Bowl´s que el equipo tiene.

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Y en cuanto a los entrenadores, confieso que aún sin ser de los que piden la cabeza de Tomlin o de Haley (quienes por cierto, reciben críticas de ejecución, como si ellos estuvieran en el campo lanzando, corriendo, bloqueando o tackleando), hay ocasiones en las que si me desespera un poco su actuar y decisiones, sobre todo de éste último. Como apuntaba en líneas previas, Conner y Watson son dos variables importantes, pero todo pareciera girar en torno a Bell, quizás en un ánimo de que tome su ritmo pleno, o quizás en un ánimo de limar las asperezas de pretemporada. Como sea, creo que ahí sí debe haber un poco de mayor audacia (que no es lo mismo que excederse con las locuras) para que las buenas series ofensivas (que las hay y seguirán habiendo, aunque muchos estén cegados únicamente en la crítica) terminen en anotaciones de seis y su respectivo punto extra. Porque a sólo goles de campo, no se puede aspirar a mucho. Y también espero ver mayor autoridad, pese a los deseos o ansiedades de Ben por lanzar o por mandar sus propias jugadas con base en el no huddle. Ahí es donde sí coincido en que Tomlin debe mostrar autoridad y dar un mensaje a todos sus jugadores respecto a cual es el objetivo fijado: ganar el Super Bowl. El arrebatado pañuelo rojo que lanzó la semana pasada explica mejor lo que escribo.

Aún así, no creo que correr a Tomlin sea la solución. Pero también hay que ser objetivo: si no hay campeonatos, todo lo bueno hecho por el entrenador pasará a segundo término. Los yerros se magnificarán y un proyecto iniciado en 2007 se irá al traste. Y si algo caracteriza a los Steelers y por ende a su historia y tradición ganadora, ha sido la continuidad y confianza en un proyecto. Recordemos que ni el legendario Chuck Noll o el grandioso Bill Cowher estuvieron exentos de campañas perdedoras o problemas con los egos y ansiedades de sus jugadores. Y esta vez, no será la excepción, estoy seguro.

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Si Ben no hubiese tenido cinco intercepcionesSi Martavis Bryant no hubiese cometido una infracción luego de que ya se tenía un primero y diez y un buen avanceSi en zona roja Boswell tuviera mas participación pateando intentos de puntos extra y no goles de campo Si Ben no fuese tercoSi el staff de entrenadores no cayeran en pánico y mantuvieran firme su plan de juego, imponiendo su autoridad pese a las ansias (a veces descontroladas) de nuestro quarterback

En fin, muchos “Si …”.

Como decía, estas líneas no pretenden ser una justificación a lo que ocurrió, pero tampoco serán una flagelación a diestra y siniestra. Este equipo, desde que en 1984 se convirtió en una de las mayores pasiones de quien escribe, me ha dado muchas más alegrías que tristezas. Me tocó ver, como a muchos otros seguidores de más tiempo, épocas peores, sin rumbo (1988, 1999 o 2003 por ejemplo), éxodo de grandes íconos que desmoronaban grandes proyectos (Rod Woodson, Greg Lloyd, Kevin Greene) o derrotas dolorosísimas en el Super Bowl, como la edición XXX ante los Dallas Cowboys. Y pese a ello, como seguidor del mejor equipo que hay, sigo creyendo, sigo confiando. Sigo apoyando. No con los ojos vendados, pero sí con la certeza de que habrán ajustes y enfoque en ruta al séptimo Lombardi.

Preparado para disfrutar y esperar que mañana sea un domingo bueno, pero también consciente de que puede ser un domingo malo. Un domingo para apoyar. Un domingo para externar nuestra molestia y criticar constructivamente, también. En resumen, un domingo cualquiera.

Nos leemos.

El Dato Renegado: Las cinco intercepciones de Ben Roethlisberger la semana pasada, son la peor actuación de su carrera, pero no es la única actuación lastimosa en la historia del equipo aurinegro.

Roethlisberger es el sexto quarterback de Steelers que en un juego, suma la nada honrosa marca de cinco o más intercepciones. Los otros son: Dick Shiner en dos ocasiones (ambas en 1968 y en juegos consecutivos, con cinco entregas de balón, ante los Cleveland Browns y los San Francisco 49ers); Mark Malone, con cinco entregas en 1987 también ante los Browns; Jim Finks, también con cinco intercepciones, en 1955 ante los entonces Chicago Cardinals; Tommy Wade, con siete yerros en 1965, ante los Philadelphia Eagles; y aunque muchos no lo crean, y como muestra de que un mal juego no excluye a grandes figuras, ganadoras de Super Bowl, está Terry Bradshaw, en dos ocasiones, cada una con cinco entregas de balón, la primera en 1977 ante los Baltimore Colts y la segunda en 1979 ante los entonces San Diego Chargers.

Dato Renegado 2.0: La segunda de las ocasiones en que Terry Bradshaw tuvo un juego con cinco intercepciones en su carrera, como ya se apuntó, fue en la temporada de 1979. Sin embargo, en esa campaña los Pittsburgh Steelers llegaron al Super Bowl XIV, obteniendo el cuarto trofeo Lombardi para sus vitrinas derrotando a los Rams. Y además, Bradshaw, pese a ese episodio negro en la temporada regular, guió al equipo y fue el más valioso de esa edición del súper domingo.

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Categorías:Opinión

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