Jack Lambert: una catarsis de acero

Tras muchos días ausentes, entre cuestiones de trabajo y mudanza, afortunada (o desafortunadamente, según la perspectiva), henos acá dando lata otra vez. Se siente como un deja vu, como cuando en clases estábamos a punto de ser reprobados por inasistencias, aunque afortunadamente mis amigos de Steelers360 son más tolerantes que los profesores de antaño.

Pero hoy, 08 de julio, que mejor día para interrumpir el silencio. Hoy, un día en que hace 65 años nacía un tal Jack Harold Lambert, ícono, leyenda de mis aurinegros y personalmente, mi máxima representación de lo que es un Steeler.

Foto 03-08-13 01 38 22.jpg

Foto 06-07-17 21 46 55.jpg

Ahora bien, ¿qué puede escribirse sobre este señor de acero, que no se haya dicho o escrito en otro lado? Lo que Lambert representa no sólo para Pittsburgh, para la NFL y para el deporte en general, sus estadísticas, logros, condecoraciones, títulos, mitos y demás curiosidades, pueden encontrarse en el internet, en revistas, en videos, vaya, en una infinidad de medios. Así de grande es el impacto de Jack “The Count” Lambert. Así que se me ocurrió que en lugar de replicar datos y estadísticas que podemos encontrar en sitios más especializados, podría mejor contar una pequeña (y quizás risoria) anécdota acontecida hace muchos muchos años, en una galaxia … perdón, una historia acontecida en 1984. Aquí vamos.

Foto 07-07-17 12 25 43.jpg

Situémonos en 1984. Año de la Macintosh 128K y un novedoso dispositivo llamado mouse (y curiosamente el último año de Steve Jobs en su primera etapa al frente de Apple); año en que Michel Platini ganaba el Ballon dÒr y guiaba a la selección de su país para obtener la Eurocopa; el año en el que a la NBA llegaba una selección número tres de los Chicago Bulls con el nombre de Michael Jeffrey Jordan; fue el año en que la ciudad de Los Angeles era anfitriona de la edición XXIII de los Juegos Olímpicos; año en que salía una publicación llamada Dragon Ball cuyo personaje principal, llamado Goku, se convertiría años después en un impresionante personaje de culto; año en que a las salas de cine llegaban historias de un joven arte marcialista, de fantasmas, monstruos y robots (perdón, cyborgs) con Karate Kid, Ghostbusters, Gremlins, A Nightmare on Elm Street y Terminator; año del Born in the U.S.A. de The Boss Bruce Springsteen, del Like a virgin de Madonna, del Ride the lightning de Metallica, del Purple rain de Prince, del The Works de Queen, del The Unforgettable Fire de unos señores irlandeses de apellido Hewson, Evans, Mullen Jr. y Clayton, mejor conocidos como U2 (aplausos), de Van Halen y el disco homónimo del año en cuestión, de cómo la 26ª Entrega de los Premios Grammy se rindió ante Michael Jackson y su Thriller, y que en el rock en español llegaba un debut musical llamado Soda Stereo y también el de una agrupación recién renombrada bajo el liderazgo de Alejandro Lora, lanzando un Simplemente. Un año interesante, sin duda alguna.

Pero regresemos a nuestra historia. Imaginemos ahora, un año antes a 1984, a un chavalito de escasos seis años, que en adelante será nuestro involuntario protagonista. Este niño, naturalmente, vivía cobijado por la exposición mediática que el soccer tiene en nuestro país. Desde sus primeros años con uso de razón, lo disfrutaba (más entonces que ahora), hasta que un domingo, por esos misteriosos azares del destino, al fallar la trasmisión de un juego de soccer tuvo que cambiar de canal y ver un partido de football en el que jugaban los San Francisco 49ers y un señor llamado Joseph Clifford Montana. Quedó prendido de inmediato con las imágenes de ese legendario número 16 lanzando pases y corriendo (sí, aunque muchos no lo crean, a Joe Cool le gustaba correr con el balón) y del nuevo deporte que se trasmitía en esa caja de bulbos y transistores marca Zenith (perdón por el comercial). Sin tenerlo claro en ese momento, nacía su pasión por el deporte encontrado. Y evidentemente, nuestro pequeño protagonista, viendo a Montana en el comienzo de su gloriosa carrera, lo convertía en su ídolo, en el que ocuparía la posición de honor en su particular listado de leyendas deportivas. Y así transcurrió ese 1983 hasta octubre de 1984, cuando su de por sí emocionado y novedoso mundo deportivo volvió a sacudirse.

Foto 06-07-17 21 48 41.jpg

Con siete años cumplidos y en plena euforia por el deporte y el jugador de jersey número 16 que se habían adueñado de sus emociones dominicales (aunque eran pocos los juegos trasmitidos, uno por domingo, la mayoría eran de San Francisco), llegó un vital 14 de octubre de 1984 para ese chavalito. Su papá, amante del soccer pero más de la alegría de sus hijos, conmovido ante la novedad que el football representaba en su retoño, sacrificó ese domingo para ver touchdowns en lugar de goles. Y aquí es donde comienza realmente la historia de nuestro pequeño protagonista.

Hasta ese momento, Joe Montana representaba para ese niño el personaje que quería ser de grande. No era tanto al equipo gambusino que deseaba ver, sino al jersey 16, ya fuera en color escarlata o blanco. No sabía que los Niners habían ganado un Super Bowl dos años antes, ni que estaban convirtiéndose en el equipo que dominaría los años 80. Estaba apenas adentrándose en el mágico mundo de la NFL. Y ese domingo 14 de octubre de 1984, Montana y sus 49ers jugaban con uniforme escarlata y oro, en su estadio (el mítico Candlestick Park) ante un equipo vestido con uniforme blanco y amarillo.

Pero, algo raro pasaba a la vista de nuestro ingenuo protagonista. Ingenuo, vaya, dado que pensaba (obvio a su edad) que Montana era todo y que ya nada podría sorprenderlo en esos menesteres del football. Pero estaba equivocado. Como se apuntaba, algo raro pasaba en ese juego. Y era que el equipo de blanco y amarillo ese día, estaba ganando 7-0 en el primer cuarto. Y más aún, cuando al comienzo del segundo, un sudafricano que como supo después lleva por nombre Gary Anderson, colocaba tres puntos más para ese equipo blanco y amarillo, colocando la pizarra 10-0. Ciertamente, algo extraño a los ojos de aquel niño.

Extraño, pero nada comparado con lo que sus ojos vieron en esa primera parte del juego. En algún momento del segundo cuarto, en una de las series de Montana, apareció de repente un enorme monstruo (así a la vista de un niño de siete años), un gigante que participaba en una jugada para detener al jugador con el número 33 de los gambusinos, de nombre Roger Craig. El impacto visual de esa jugada fue tal, que no reparó en que Montana volvía a ser incapaz de hacer lo que tan común y normal le parecía: anotar puntos. No. Sus ojos quedaron fijos en el gigante de número 58 que sin tanta algarabía, se levantaba y se encaminaba lentamente fuera del campo, colocándose una toalla sobre la cabeza. Y su curiosidad fue en aumento cuando vio que en la trasmisión aparecía un texto que según recuerda, decía algo como “53 Bryan Hinkle Apoyador”, pero no enfocaron a ese gigante de jersey 58, sino a un jugador distinto. Necesitaba saber quien era el monstruo que segundos antes había aparecido de la nada. Pero no lo supo, al menos no en esa primera mitad del juego, dado que la participación de ese número 58 estuvo muy limitada, como lo fue en la mayor parte de la campaña de ese 1984, debido a una lesión en el dedo del pie.

Foto 07-07-17 12 29 08.jpg

Transcurrió así la primera mitad del juego, cuando casi al final del segundo cuarto Montana puso cifras en la pizarra para su equipo, anotando en una carrera de siete yardas (repito, sin ser su fuerte, a Montana le gustaba correr con el balón). Pero nuestro pequeño, ingenuo, curioso y otra vez sorprendido protagonista estaba más inquieto por ver nuevamente a ese gigante del jersey blanco número 58 que por lo que hacía en esos momentos Montana para conseguir la victoria. Y como llegó el medio tiempo y no existía el internet, ni el google, ni los teléfonos o tabletas inteligentes, tenía que esperar a la segunda mitad para ello y que ojalá en la trasmisión apareciera su nombre.

Aquí un paréntesis: quienes me hacen el favor de leer esta historia y no tengan menos de 39 años de edad (incluso quizás 38 o 37), sabrán que no miento cuando digo que en aquellos años, si de por sí las trasmisiones de football eran limitadas, también estaban saturadas (un poco más que ahora) de anuncios comerciales y muchísimas veces habían jugadas que ni nos enterábamos habían pasado. Por eso la anécdota que están leyendo, sin restarle veracidad, se ha ido alimentando de datos que poco a poco, con el correr de los años, se han podido obtener. Fin del paréntesis.

Se reanudó la trasmisión del juego y durante el tercer cuarto, ninguno de los dos equipos pudo lograr poner más puntos en el marcador. Podría decirse que fue un cuarto para el olvido. Salvo por dos razones: nuestro pequeño protagonista tuvo la oportunidad de ver un par de veces al gigante de jersey 58, y lo que es mejor, en una de ellas, aunque el gigante se encontraba fuera del terreno de juego con una toalla sobre la cabeza, apareció el texto que tanto ansiaba ver: “58 Jack Lambert Apoyador”. Y Montana seguía en segundo plano en su interés ese domingo 14 de octubre de 1984.

Foto 05-07-17 16 56 47.jpg

Durante el último cuarto de aquel juego, y luego que el kicker de San Francisco, Ray Wersching, empatara el juego con un gol de campo, nuestro emocionado protagonista solo recuerda haber visto una vez más a Jack Lambert. Y fue en la tercera serie ofensiva que Montana comandó para poner puntos en el marcador, esta vez con un acarreo de siete yardas del running back número 26 Wendell Tyler (efectivamente, el mismo que jugó contra Steelers en el Super Bowl XIV, siendo parte de los Rams), y con ello San Francisco conseguía por primera ocasión el liderato en el partido, poniendo el marcador 10-17. En esa jugada de anotación de los gambusinos, Lambert y otra leyenda de acero, Donnie Shell, vieron como Tyler cruzaba la zona de anotación, sin poder impedir que cayeran los puntos en contra. Pero el gigante seguía siendo el gigante para aquel niño de siete años. Le hubiera encantado verlo nuevamente deteniendo al rival y que sus compañeros estallaran de júbilo. La catarsis estaba haciendo lo suyo.

A partir de esa segunda anotación de los Niners, aquel chavalito estaba tan emocionado con el gigante del jersey 58 del que ya sabía su nombre, que tenía emociones encontradas (imaginen eso a los siete años, caray), ya que aunque no deseaba ver perder a quien lo adentró en el mundo del football, tampoco quería que el equipo de blanco y amarillo ese día, y especialmente el gigante del jersey 58, sufrieran un revés. La catarsis estaba en su punto máximo.

Todo el dilema de nuestro infante personaje se disipaba cuando el quarterback número 16 del equipo blanco y amarillo, de nombre Mark Malone (en el que quizás fue el juego de su carrera, no por números, sino por la manera en que se desenvolvió para propiciar la única derrota al equipo campeón de esa campaña), en primera y goal con seis yardas por avanzar, sorprendiera con un pase encontrando en la zona de anotación a un jugadorazo con el jersey número 82, de nombre John Stallworth (quien ese día tuvo una batalla tremenda contra otro jugadorazo llamado Ronnie Lott) y empatara el juego. Nuestro personaje lo festejó y la catarsis comenzaba a asentarse.

Foto 05-07-17 16 57 07.jpg

Sin embargo, quedaban tres minutos de juego y el balón en manos de Montana. Demasiado tiempo para la leyenda gambusina. Sin embargo, el equipo blanco y amarillo del gigante 58 volvió a emerger deteniendo la magia de Joe Cool, cuando Bryan Hinkle lo interceptó y tras regresar el balón más de 40 yardas, dejó la mesa puesta para que Gary Anderson volviera a poner el marcador a favor de Pittsburgh 20-17. Nuestro pequeño protagonista volvía a festejar y la catarsis ya casi terminaba.

No obstante, aún restaba poco más de minuto y medio de juego y una última oportunidad para que Montana hiciera lo que mejor sabía hacer: jugar bajo presión y sacar partidos en los minutos finales. Pero esta vez, aunque dirigió magistralmente a los gambusinos y dejó listo el escenario para empatar, Ray Wersching falló el intento de gol de campo de 37 yardas y el equipo blanco y amarillo del gigante 58 se llevaba el triunfo. El niño aquel estalló de alegría y euforia. La catarsis había concluido.

Foto 07-07-17 12 29 24.jpg

Nuestro pequeño personaje no volvió a ver jugar al gigante del número 58, porque esa campaña, como ya se dijo, sufrió una lesión en el dedo del pie y sólo participó en ocho juegos, todos de manera muy limitada, y también por que era sólo un juego el que se trasmitía dominicalmente en ese entonces, y el equipo en el que militaba no era de los comunes que pasaban las televisoras. Sin embargo, la imagen que le dejó ese gigante del jersey 58 en las pocas jugadas que lo vio aquel 14 de octubre de 1984 fue tal, que a partir de ese momento, sin dejar de admirar a Joe Montana, lo decantó para que se convirtiera en un férreo seguidor de los Pittsburgh Steelers.

Foto 07-07-17 12 26 34.jpg

Foto 07-07-17 12 28 30.jpg

Años después, ya con mayor edad y un poquito de más conocimiento de la hermosa NFL, nuestro protagonista supo que la campaña de ese 1984 fue la última de Jack Lambert. También que fue la última en que Chuck Noll dirigió un juego de Campeonato de Conferencia (y el último de la franquicia hasta diez años después, en la campaña de 1994). Lamentablemente en ese último Juego de Campeonato de Noll, el que se convertía en el equipo de sus amores, los Steelers, cayeron ante unos poderosos Miami Dolphins que comandaba Dan Marino, quienes a su vez cayeron en la edición del Super Bowl XIX ante, curiosamente, los gambusinos de Joe Montana. Hubiera sido épico y sumamente emotivo para aquel pequeño haber visto jugar nuevamente a su ídolo gambusino y al gigante de acero número 58 en aquella final, pero, afortunadamente no se dio. A esa edad y tener esas emociones, no caray.

Foto 06-07-17 21 50 06.jpg

Y así concluye esta quizás tonta y risoria anécdota, pero verídica. Como comentaba líneas atrás, las estadísticas del Conde Lambert pueden encontrarse en sitios más especializados y podríamos escribir cientos de libros sobre su historia, pero aún así, no creo que fuera suficiente para recordarlo y homenajearlo. Así que la anécdota previa, quizás es el más insignificante modo de evocar a Jack Lambert, pero es de una gran valía personal. Es una de esas historias que cuentan como el impacto de algo o alguien puede incidir en las decisiones de una persona, aún siendo un niño de siete años.

Foto 07-07-17 12 26 55.jpg

Esto ocurrió en el plano del football y el amor por un equipo. Esto ocurrió gracias a un gigante con el número 58, que hoy cumple 65 años. Un gigante que consiguió cuatro anillos de Super Bowl formando parte de una de las mejores defensas en la historia de la NFL. Un gigante que en la edición IX fue pieza vital en el sack a Fran Tarkenton con el que caían los primeros puntos del juego y el primer safety en la historia del Super Bowl; un gigante que en la edición X arrojó al suelo a un rival de nombre Cliff Harris por mofarse de un compañero de equipo; un gigante que en la edición XIII tackleaba y arrastraba a su ex compañero y entonces rival Preston Pearson para evitar un primero y diez de los Cowboys; un gigante que el la edición XIV provocó el único error del quarterback Vince Ferragamo, al interceptarlo y detener la serie ofensiva que presagiaba la voltereta a favor de los Rams. Un gigante cuyo coraje, actitud y amor por los colores de un equipo, sacudió la mente de un chico de siete años.

Foto 07-07-17 14 55 03.jpg

Como muchos seguidores de los Pittsburgh Steelers, hay un momento especial que nos decantó a los colores negro y amarillo. O blanco y amarillo, como el momento particular de quien escribe, aquel 14 de octubre de 1984. Así viví y así recuerdo a ese gigante de acero del número 58, al que lamentablemente sólo lo vi una vez, en el ocaso de su gran carrera. Pero esa única ocasión fue suficiente. Y como no, caray, si se trató del tipo que dijo:

“… Si pudiera comenzar mi vida nuevamente, sería un jugador profesional de football. Y, diablos, saben, lo mejor es que volvería a ser un Pittsburgh Steeler”.

Así ocurrió lo que llamo mi catarsis de acero.

Nos leemos.

Foto 07-07-17 12 29 52.jpg

El Dato Renegado: Pensé y pensé si cabía este corolario en un texto como el anterior, y tuve mis dudas. Pero bueno, ahí va: la campaña de 1984, como ya se dijo, fue la última de Jack Lambert en la NFL. Y con su retiro, se iba el último integrante titular de la original Steel Curtain que ganó los cuatro Super Bowls de los años 70. Y no se ofendan ni espanten por este dato, por favor. No estoy pasando por alto a Donnie Shell, quien concluyó su maravillosa carrera en 1987, pero recordemos que el mote fue originalmente a los integrantes de la línea defensiva (Greene, Greenwood, White y Holmes) y poco después se amplió y reconoció, gracias a Ham, Rusell pero principalmente Lambert, hasta la línea de linebackers (por eso lo de “cortina”, porque es la que cerraba el paso a los contrarios), sin que por ello demerite o pretenda excluir a otros monstruos del perímetro de acero como Blount, Wagner o el propio Shell.

Foto 07-07-17 12 22 12.jpg

Anuncios

Categorías:Historia, Jugadores

4 replies »

  1. Excelente nota, muchas gracias por compartir!!!

    En mi caso, mi padre desde antes de que yo naciera ya era aficionado a los Jets y los Vikingos (en los sesentas y setentas eran buenos) y cada domingo se veían los partidos por la tele religiosamente y recuerdo mucho la temporada que culminó con el 2o anillo de Super Bowl, que le ganaron a Dallas cuando me enamoré del equipo.

    Saludos

    Me gusta

    • Muchas gracias por leer. Pues mira, es lo padre de ir conociendo cuál fue la catarsis personal de cada seguidor del equipo. Realmente a mi fue, ver a Lambert aún así, de forma tan breve, fue algo que me marcó cañón. Saludos y nuevamente, gracias 👍🏼

      Me gusta

    • Hola, buena noche. No, o al menos, no he leído o escuchado alguna noticia sobre ello. De hecho, aunque sabemos que Lambert es muy reservado sobre su vida privada, gusta de participar en convenciones para autografiar souvenirs. Y me parece que hace tres años participó en una. No creo que sufra de ETC, ojalá y no. Es algo muy triste y que ya pegó feo en una ocasión a nuestros Steelers, con Mike Webster.

      Saludos y muchas gracias por leernos.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.